IES Faro de Maspalomas

Comprometidos por la educación

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Nuestra historia

HISTORIA DEL CENTRO

El centro nace en el año 1995 como centro de Formación Profesional. En el año 1996 se reconvierta a Instituto de Enseñanza Secundaria. Actualmente cuenta con 700 alumnos de diversas enseñanzas: secundaria, bachillerato, Formación Profesional, Aula Enclave y PCPI.

HISTORIA DE MASPALOMAS

En el siglo XV, con el término “Maspalomas” se hacía referencia a una mayor extensión que la que hoy se conoce con dicho nombre. La franja costera llamada antiguamente las “Calmas de Maspalomas” se extendía desde el Castillo del Romeral hasta el “puntón” de Santa Agueda, sin incluir la bahía del mismo nombre (Arguineguín). Con el tiempo, el nombre se centró geográficamente en el extremo sur de la isla de Gran Canaria, apareciendo en diversos mapas, el nombre de playa de Maspalomas, “Charco” de Maspalomas, barranco de Maspalomas, lomo de Maspalomas y pueblo de Maspalomas.

El pueblo de Juan Grande era llamado “la puerta del desierto”; debido a la aridez del paisaje costero hasta Arguineguín. En medio de este terreno yermo, como si de una joya se tratase, nos encontramos con las Dunas de Maspalomas formadas por un sistema dunar de origen marino y un oasis, en el que destaca el Charco de aguas salobres y, la flora y fauna que se desarrolla en sus alrededores, resaltando el palmeral. El resto era un lugar pedregoso donde predominaban los cardones y las tabaibas.

Esta zona ha sido poblada desde época por los aborígenes canarios, como lo demuestran los hallazgos arqueológicos encontrados en la necrópolis del Lomo de Maspalomas (fechas que oscilan entre los siglos X y XV), cerca del poblado aborigen de Lomo Perera, o las típicas casas aborígenes que se ubican en la costa: como la Punta de Mujeres, las Meloneras, Montaña Arena o el Llanillo. Toda esta zona pertenecía en el momento de la conquista, al guanartemato (reino) de Telde. Los “aborígenes de Maspalomas” tenían una economía basada en la explotación de los ganados, cultivos de cereales, la pesca (marisco y pescado) y el aprovechamiento de todo lo que la naturaleza proveía en el Oasis de Maspalomas.

En 1477 faltaban por conquistar La Palma, Tenerife y Gran Canaria, siendo los Reyes Católicos los que deciden llevar a cabo la misma. La conquista de Gran Canaria comenzó en el año 1478 y concluyó con la rendición de los aborígenes en las cumbres de Tirajana el 29 de abril de 1483. Tras la conquista militar, el conquistador Pedro de Vera, por orden de los Reyes Católicos, se convirtió en el Gobernador o Corregidor. Se constituyó la que sería hasta el siglo XIX la única institución local, el Cabildo o Concejo, para llevar a cabo el reparto de las tierras y aguas de la isla entre los conquistadores y colaboradores. En este reparto, la comarca de Tirajana (y evidentemente Maspalomas) quedó incluida en el tercer distrito, permaneciendo la mayor parte de sus tierras y aguas bajo el poder de la Corona como Pública y Realengas por no haber personas que las reclamasen.

El territorio se había despoblado al huir la población aborigen hacia las cumbres de la isla durante la conquista. Sólo quedaban pastores de ganados, criadores de camellos y algunos agricultores de otras zonas de la isla que ocupaban las tierras clandestinamente.

Además, estas playas de las “Calmas de Maspalomas” servían como puertos naturales y por ello eran transitadas por barcos de todo tipo: barcos pesqueros; barcos que transportaban madera de los bosques del lugar a otros puertos de la isla o fuera de la isla; barcos que hacían la ruta a las indias, como Colón en su cuarto viaje en 1502; o los barcos más famosos de la literatura de aventuras, los barcos piratas. Con respecto a los piratas, hay que decir que estos visitaron la zona desde el siglo XVI hasta el primer tercio del siglo XIX; destacando la visita del holandés Peter Van der Does tras su intento frustrado de invasión de la isla en 1599, quien desembarcó en Maspalomas para enterrar a sus muertos y abastecerse de agua y leña.

A partir de entonces la zona conocida como “Maspaloma” o Maspalomas, comenzó a ser repoblada paulatinamente durante los siglos XVII y XVIII. La búsqueda de nuevos pastos para el ganado, nuevas tierras para el cultivo y el aumento de la población de la isla de Gran Canaria, provocaron que el gobierno de la isla, el Cabildo, concediera nuevas datas. Sin embargo, muchos de estos lotes de tierras eran ilegales por no contar con el consentimiento del Rey de España, como ocurría con la data del “llano del Axulagal”, el origen del pueblo de Maspalomas.

  1. 1624: la data del “llano Axulagal” o “Ajulagal”, en el termino de “Maspaloma”, fue concedida por el Cabildo, el 6 de diciembre de 1624 al regidor de la isla Simón Lorenzo Acosta.
  2. 1630: Simón Lorenzo Acosta vende a los hermanos Baltasar y Juan Pérez de Villanueva.
  3. 1635: la data fue anulada y repuesta, por el visitador y representante de la Corona, Luís Henríquez, quien, en un primer momento, declaró las tierras Públicas y Realengas por no contar con la debida licencia Real, y después permitió la continuación de la explotación de la tierra por temor a la falta de granos para las gentes del lugar.
  4. 1680: El problema concluyó cuando el heredero de los hermanos Péres de Villanueva, Mateo Pérez de Villanueva, presionado esta vez por la Audiencia de Canarias, consiguió el título legítimo mediante una real Cédula del Rey Carlos II.

Como se aprecia, pasaron 50 años para que la familia Pérez de Villanueva pudiera disfrutar legalmente de sus propiedades. Estas lindaban al norte con Arteara, al sur con el mar, al oeste con Ayagaures y al este con las Casillas de Lezcano, incluyendo las aguas del barranco de Fataga y el Charco de Maspalomas, con sus pastos y abejeras salvajes. Apartir de entonces Maspalomas y el Charco se convirtieron en una unidad de explotación agraria, el Cortijo de Maspalomas, que iba a permitir el poblamiento progresivo de la zona por colonos.

A principios del siglo XVIII, la Casa Amoreto va a adquirir el Cortijo de Maspalomas, que pasará a formar parte de sus mayorazgos, en los que se encontraban cortijos como el de Juan Grande, Arguineguín o Amurga. La familia Amoreto se convirtió en la principal poseedora de las tierras del sur, y en el año 1785 anexionaran a sus mayorazgos el título de Conde de la Vega Grande de Guadalupe, que había concedido Carlos III en 1777 a don Fernando Bruno del Castillo, esposo de la heredera de la familia Amoreto, Doña María Luisa Amoreto. Desde este momento, Maspalomas pasó a formar parte del Condado de la Vega Grande y el único que mandaba en estas tierras era el Conde, hasta tal punto que no permitía que “ ni se fabricase ni aumentase” el número de vecinos dentro de sus terrenos en el lugar de “Maspaloma”, salvo los medianeros u obreros que trabajaban para el Conde.

Desde entonces la historia del cortijo de Maspalomas ha estado unida a la familia del Conde, y no sólo el pueblo sino el municipio de San Bartolomé de Tirajana y parte de la isla. El Conde de la Vega Grande poseía desde finales del siglo XIX casi de 33 % del territorio del municipio de San Bartolomé de Tirajana, aumentando esta cifra hasta el 37 % en el siglo XX. Sus principales propiedades, por su extensión, se encontraban en el sur, dedicandolas en su totalidad a la explotación agricola y ganadera, hasta la aparición del turísmo.

En 1961, el conde Alejandro del Castillo, convocó el “Concurso Internacional Maspalomas Costa Canaria”, que significaría el comienzo de la promoción como destino turístico de Maspalomas. El concurso lo ganó la empresa francesa Societé Pour L´Etude Tecnique d´Amenagements Planifiés (S.E.T.A.P.), cuyo proyecto era el más respetuoso con el medioambiente, aunque el posterior “boom” turístico alteraría buena parte del medio natural. De la noche a la mañana, la zona conocida como Maspalomas se convirtió en uno de los centros turísticos más importantes de España, borrando su pasado agrario en pocas décadas.

HISTORIA DEL FARO DE MASPALOMAS

Mi historia nace en el año 1861. De esta fecha data un informe de la Comisión de Faros sobre "Complemento del Alumbrado Marítimo de las Islas Canarias", en el que se propone mi construcción prioritaria, considerándome de Primer Orden, (¡qué importante soy!). Mi destino era servir de recalada a todas las líneas de vapores tanto de África y Oceanía, como de América, y también a los barcos que faenaban en las pesquerías de la costa del continente africano. Posteriormente, guiaba a los barcos que se dirigían al puerto de la localidad vecina de Arguineguín, así hasta el presente.

El Padre de mi proyecto fué D. Juan León y Castillo, un excelente ingeniero grancanario, y de su lectura se desprenden una serie de interesantes detalles que te permitirán acercarte a mi pequeña historia. La elección del lugar donde me sitúo, fue considerada la idónea ya que estaba cerca la desembocadura del barranco, en la zona libre de dunas, con un subsuelo que permitía la cimentación sobre el nivel de la marea máxima, con una torre de 56 metros de altura hasta el foco del apartado.

Pero la imagen que presenta esta parte de la isla era, en aquellos años muy diferente a la actual. Esta zona, casi desconocida, aún para los mismos hijos de la isla por encontrarse en su parte sur, era la más despoblada, y sólo existían pequeños caseríos de muy escasa importancia. De esta forma, y al no existir vías de comunicación para poder levantarme, fué precioso construir un pequeño muelle por donde arribaban los materiales procedentes de la capital insular. Iniciaron mi construcción a principios de 1886, aunque apenas comenzados los trabajos, surgieron algunas modificaciones por problemas en la cimentación y cambios en la piedra elegida para la torre

Hoy día, me he convertido en el monumento más retratado de todo el Archipielago Canario, (¡será por lo guapo que soy!), y también gracias a mis hermanas las Dunas, la Charca y el Palmeral, que me han acompañado en todo momento. Tengo que añadir que mis fotos se exponen por todo el mundo.

Además, he servido de modelo a muchos pintores que han visto en mi una multitud de simbologías como, por ejemplo, mi entrañable amigo, el fallecido joven pintor Juan Hernández, el cual pasaba tardes enteras a mi lado; nuestras charlas se hacían interminables y yo le contaba los avatares por los cuales había pasado mi historia.

Mi nombre y apellidos han servido incluso, para dar nombre a un instituto de Enseñanza Secundaria en la localidad de Maspalomas, lo cual me enorgullece enormemente. Saber que muchos jóvenes, profesores-as y madres y padres me nombran a diario, es algo que me satisface muchísimo.
En la actualidad mi madre, la Demarcación de Costas, dependiente del Estado, está pensando darme en adopción al M.I. Ayuntamiento de la Villa de San Bartolomé de Tirajana, aspecto este último que me llena de alegría, a que me quieren destinar como Museo de Geografía de nuestras Islas Canarias, cosa de la que no me puedo quejar en absoluto.

Esperando les haya gustado mi brevísima historia, me despido con un ruego: me hago mayor y sólo deseo que los habitantes de esta localidad se sientan orgullosos de mí y sepan transmitir al resto del mundo lo importante que es la conservación de nuestro patrimonio histórico, artístico y natural para así, poder seguir dejando una herencia   de   conocimiento a nuestros hijos y nietos, pues sólo conociendo nuestra Historia, podremos interpretar nuestro presente. Ione Dominguez, Jimmi Angulo, Beatriz Pérez, Tito Lozano, Rachid Mrik, Raico Pérez, José Viruglio y Nuria Cruz (3º E.S.O Grupo de diversificación curricular del I.E.S. Faro de Maspalomas).

Antonio Hernández Lobo

 

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